Spartan Race Amatlaco


IMG_6315Lo único que puedo decir es: ¡bendita ignorancia! La verdad no sé, si me hubieran explicado bien cómo estaba todo este rollo del Spartan Race en Amanalco (cerca de Valle de Bravo), si me hubiera animado. ¡Chance y no! ¡Casi seguro que no! Jijijiji Acepté porque soy muy “atrabancada”, diría mi mamá. Y gracias a Dios, porque fue una experiencia memorable, terroríficamente fantástica.

Don’t get me wrong! Hago ejercicio y ya había participado en un Spartan, pero Chick, la versión para niñas. Si no mal recuerdo fueron 7 kilómetros y como 13 o 15 obstáculos. Pero esta carrera fue “palabras mayores”, ¡me tomó 4 horas completarla! Fueron 15 km aprox y 20 obstáculos, ¡20! De verdad fue un reto en todos los sentidos.

Y como a mí me gusta mucho encontrarle mensajes a las cosas, quiero compartirte lo que aprendí: qué me dejó lo que viví… más allá de moretones, raspones y ampollas.

1) Júntate con personas que lleven tu ritmo. Al principio, tres niñas teníamos la intención de irnos juntas durante toda la carrera. Al kilómetro 1 nos dimos cuenta que una de ellas tenía menos condición que nosotras dos, lo cual nos atrasaba y eso, en una carrera de este tipo, es peligroso: 1) porque no hay quien te ayude y 2) porque es más fácil desmotivarte… ¡Ya no viene nadie atrás!

Con esto aprendí que en la vida lo más sano es tener amigos y una pareja que lleve más o menos tu mismo ritmo, porque así como es cansado tener que esperar, también lo es forzarte a ir al 200% para alcanzar al otro.

Por ejemplo: yo tengo condición, pero había unos muchachos en el equipo que no manches, de esos que van 3 horas diarias al gym. Yo no podía pretender ir a su paso porque simplemente no puedo (todavía). Intentarlo hubiera sido cansado para ellos ¡y para mí!

equipo spartan

Por eso, con mucha humildad y sencillez, hay que reconocer y aceptar en dónde estamos nosotros e irnos con ese grupo, que fue lo que hicimos. Y créeme, lo padre de estar “donde perteneces” es que hay un esfuerzo general por mejorar. En el grupo que hicimos nos íbamos ayudando, echando porras, bromeando, apoyando… Exigiéndonos el máximo, pero sin lastimarnos ni presionarnos.

FYI: la niña que se quedó atrás encontró a un chavo que tenía más o menos la misma condición que ella, y la pasaron genial. No sé si se hicieron grandes amigos de por vida, pero sé que la experiencia fue 100% diferente al haber coincidido el uno con el otro. Y es así como en la vida vamos haciendo nuevos amigos: porque vamos coincidiendo y sumando a la vida del otro con nuestra alegría, empatía y complicidad.

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2) Siempre podemos más de lo que creemos. ¿Sumergirme en el lodo, literal de pies a cabeza? ¡Jamás! #nooot ¡LO HICE! ¿Cargar una llanta gigante? ¡Jamás! ¡No puedo ni sacar la de refacción! #nooot ¡SÍ PUDE! ¿Correr con heridas en los tobillos a causa de unas ampollas? ¡Ni loca! ¡Tráiganme curitas! #nooot ¡Corrí 15 km con todo y sangre! ¿Cruzar “n” número de lagos de agua h-e-l-a-d-a y charcos de lodo a como Dios me dé a entender? ¡Jamás! #nooot ¡TAMBIÉN LO HICE!

La cuestión es que siempre podemos más de lo que creemos. Es raro… Nos salen las fuerzas –mentales y físicas– de no sé dónde. Y siempre es así: en el deporte, el trabajo, la pareja y la vida #YesWeCan 

spartan lodo

Si lo hubiera pensado a fondo (think it through, como dicen los gringos), si hubiera investigado bien cómo iba a ser esta carrera: cuánto duraba, dónde era, cuántos obstáculos había y de qué grado de dificultad, ¡nombre! Jamás hubiera aceptado participar.

Así que la moraleja es: no sobre-analices las cosas, mejor rífate y deja que la vida te sorprenda, y déjate sorprender por ti misma también. Como dice mi papá: “no te pongas límites en la cabeza, si los hay, que te los ponga la vida”… Yo le agregaría: “y los superas”, como en el Spartan, ¡y listo! Estaremos en el siguiente nivel, listas para seguir rifando y triunfando.

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3) Es más fácil y rápido si nos ayudamos. Estábamos tres ante el siguiente obstáculo: una barda “volteada”, osea en lugar de tener una especie de rampa al frente para después saltar, tenía la rampa volteada, y después tenías que saltar #complicado

Lilia, el muchacho y yo empezamos a saltar como chapulines porque no había otra forma de alcanzar la barda, pero no teníamos dónde hacer impulso. Entonces pensé: ¿y si nos ayudamos? Así que le dije a Lilia: “te hago pie de ladrón”, y el muchacho se sumó: “apóyate en mi espalda”. Mientras yo tomaba a Lilia de la cintura para impulsarla, ella no recargó el pie en la espalda del chico; puso la rodilla suavemente.

Luego seguí yo. Hice lo mismo que Lilia, quien ya me tendía la mano desde arriba. Saltamos las dos y no llevábamos ni 10 segundos esperando a nuestro ayudante, cuando éste ya estaba del otro lado. La moraleja es: si nos ayudamos todos a todos, ¿será que nos va mejor?

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En lugar de saltar cada quien por su lado, ¿te imaginas cómo cambiaría el mundo si yo veo por ti y tú por mí? ¿Y qué pasaría si en lugar de “encajarnos” con el que nos ayuda, como muchas veces pasa, lo hacemos más fácil para él/ella, más suave y confortable? ¿Cómo sería nuestra vida de diferente si viéramos que es real: que todos somos uno, que si te ayudo a ti, yo también gano; que si vemos unos por otros vamos a ser más felices; que si ayudamos a que nos ayuden nos ayudan con mejor actitud?

No tenemos que ser amigos del de junto para ser empáticos, estamos todos en el mismo barco lo veamos o no, ¿por qué no hacernos la vida más fácil unos a otros? ¡Podríamos crear el paraíso en la Tierra! Pero el ego nos ciega tanto, nos tiene tan presos y tan consumidos en el egoísmo… Sin embargo, a veces, como en el Spartan, tenemos la fortuna de ver y compartir esas chispas de Luz y ver de todo lo que somos capaces cuando compartimos sin importar a quién, ni qué gano yo con eso.

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4) A veces “que te vean”, motiva. Yo soy una fiel creyente de la frase “cada quien sus cubas”. Ahora sí que “vive y deja vivir”. Pero en esta carrera comprobé que, cuando se trata de las personas que amas, sí se vale “intensear”. Me explico. Había una prueba en la que tenías que cruzar como chango -sólo que en horizontal- una buena cantidad de metros (necesitaría Waze para decirte cuántos, jiji).

La cosa es que el 80% de la gente se caía porque estaba muy cañón la fuerza que necesitabas tanto en los brazos como en las piernas. Yo me trepé para ver cuánto aguantaba, pero no estaba segura de lograrlo. Como afortunadamente era de los primeros obstáculos, tenía mucha fuerza y actitud, pero lo que me llevó a la otra punta sin caerme no fue mi condición; OK, ayudó, pero en honor a la verdad fue la gente.

Justo en esa prueba había una valla de personas, que si bien no estaban echando porras con euforia, sí estaban al pendiente de los participantes: “Uy, ya se cayó”, “él ya casi llega”, “mira qué fuerte está esa chava”. Y entonces, entre una mezcla de ego y entusiasmo (para no quedarles mal), me di cuenta que le estaba echando más ganas que si no hubiera habido nadie.

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Así que, tú que me lees, ¡dale seguimiento a lo que te cuenten tus seres queridos! Porque saber que alguien está pendiente de ti sí cambia las cosas, sí les da otro sentido, sí le terminas echando más ganas o al menos pones más atención para después comentar el punto. Sé atenta y acuérdate de qué está haciendo la gente que te quiere, y dale seguimiento: ¿Qué tal estuvo la boda?, ¿cómo te fue en el viaje?, ¿me recomiendas la película que viste ayer? Sé intensa, pregúntales, interésate. Estoy segura que los motivará de alguna manera, como a mí me motivaron esas personas.

5) Todos somos iguales, pero somos únicos. Lo que quiero decir es que las pruebas fueron las mismas para todos, y todos llevábamos los mismos tenis (la nueva sensación de Reebok: los All Terrain Super OR, creados especialmente para este tipo de competencias), pero cada uno vivió la experiencia a su manera. Por eso es importante conocernos y compartir. Conocernos para saber que si tengo mal la rodilla, me voy a ir despacio en las bajadas (el caso de Toni); y compartir para decirle al de al lado que es más fácil correr hacia arriba si te impulsas con la manos (literal como si le dieras manotazos al aire, pero hacia atrás).

Algo que me gustó también es que a todos nos dieron el mismo “uniforme”, pero cada quien lo personalizó a su manera. Eso me encanta de las personas: cómo somos capaces de poner nuestro sello en lo que hacemos. ¡Viva la diversidad! No hay nada como ser diferentes, únicos y auténticos.

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6) ¡Por poco lo olvidaba! #quécosa La importancia de ofrecer todo lo que hagamos. Amo mis clases de yoga porque siempre empiezan con un: “Ponle una intención a tu práctica”, y la verdad es que hace toda la diferencia; funciona tanto si las actividades son rutinarias como si requieren tu máximo esfuerzo. Esta carrera la iba a ofrecer por Guillermo, mi novio, pero luego dije: “Nooo, juajuajua (risa de mala), Guillermo ¡CONMIGO!”. Así que fue por nuestro noviazgo, por tener una relación que nos llene de paz, amor y tranquilidad, y sobre todo, que nos ayude a ser mejores.

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Gracias Lety y gracias Reebok por esta gran experiencia.

Gracias Spartan, por ponernos menos peso a las mujeres en ciertas pruebas. Bien ahí, porque por más que insistan, ¡no somos iguales! Somos complementarios 🙂

Gracias Gato por las fotos, ¡te rifaste muy cañón! Te admiro.

BiancaPescador
About me

Mazatleca de origen y chilanga de corazón. Desde chica mi pasión es escribir, bailar y leer. Me encanta tomar cursos de todo. He trabajado en periódicos y revistas, donde descubrí que el mundo de la belleza es fascinante… De ahí nace este blog, mi espacio de inspiración para vivir cada día mejor, mejor y mejor.

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